Por María Luisa Berzosa, Religiosa Hija de Jesús – Roma

En el amanecer de un nuevo pontificado, una voz serena y comprometida emerge desde la experiencia. Se trata del testimonio de una Hija de Jesús, María Luisa Berzosa, que ha compartido espacios de diálogo y reflexión con quien hoy es el nuevo sucesor de Pedro: el Papa León XIV.

“Mi primera impresión, desde que se anunció su nombre, fue muy positiva y de gran alegría. He tenido la suerte de conocerlo en persona durante las Asambleas del 2023 y 2024, en las participé como Facilitadora, y él como miembro activo de varias mesas redondas. Escucharlo en esos espacios, y también en momentos informales, me permitió descubrir en él a un hombre humilde, de bajo perfil, sereno, profundo, con una formación muy amplia,  integrada  por su lugar de nacimiento y sus vivencias.

Su propia historia personal es, sin duda, su mejor aportación para la Iglesia. Los largos años de vida misionera en Perú y su servicio como superior general de la Orden de Agustinos por doce años, le han dado una visión y un conocimiento global que no son teóricos, sino nacidos de la experiencia. 

No tengo duda de que el Papa León XVI dará continuidad al proceso sinodal iniciado por Francisco. Ha caminado junto a él y  ha sido parte muy activa del mismo, desde el Dicasterio para los Obispos. Pero la continuidad no es calco ni repetición. Son personas muy distintas, pero ambos están tocados por los grandes desafíos de la humanidad y de la iglesia: las guerras, los abusos,  las migraciones, la pobreza,  la misión de la mujer en la Iglesia…

Mis deseos para este nuevo pontificado son que siga impulsando y concretando todos esos caminos que ya están en marcha. Que la sinodalidad siga profundizándose, que el puesto de la mujer siga fortaleciéndose, que el cuidado de la casa común siga siendo una prioridad… Pero sobre todo, que el Papa León XIV pueda empujar con fuerza la comunión en la diversidad. Que pueda construir puentes —y él mismo ser uno— entre el norte y el sur, entre culturas, entre sensibilidades eclesiales.

Como mujer consagrada, como Hija de Jesús, siento que este momento también nos llama al compromiso. A seguir apoyando con convicción y esperanza estos caminos desde donde nos encontremos cada persona. Porque esta Iglesia que soñamos es tarea de todos“.