La reliquia que hoy recibe la Hermandad de Pasión hace visible esta comunión. No es un objeto destinado únicamente para contemplar, sino un signo que nos remite a una vida entregada a Jesucristo. Al custodiarla y venerarla, la Hermandad acoge también una invitación: contemplar la Pasión del Señor con la mirada de Santa Cándida, reconocer en Cristo entregado el amor del Padre y transformar esa contemplación en cercanía, servicio y fraternidad. Que esta entrega sea, por tanto, motivo de gratitud. Agradecemos a la Hermandad de Pasión que reciba la reliquia y se comprometa a custodiarla y agradecemos a Dios porque sigue suscitando testigos capaces de iluminar nuestro camino.

Son palabras de Pakea Murua, FI, superiora de la Comunidad de Almería. El pasado 2 de octubre la Congregación entregó una reliquia, en la parroquia de Santa Teresa, a la Hermandad de Pasión. Precisamente por los vínculos de esta institución con el colegio Stella Maris, su junta solicitó a la Congregación una reliquita de Santa Cándida: «Nuestra más profunda gratitud por la generosa concesión de una reliquia ex sanguine de Santa Cándida María de Jesús. Recibimos este preciado don con honda emoción y espíritu de fe, plenamente conscientes del inmenso valor espiritual que encierra y de la gracia que supone para nuestra Hermandad y para todos los fieles que participan en nuestra vida litúrgica y devocional. Este gesto viene a fortalecer aún más los estrechos lazos de comunión que nos unen a esa querida Congregación. Cándida María de Jesús ha dejado una huella imborrable en nuestras vidas de fe. La reliquia será custodiada con la máxima veneración, dignidad y esmero, conforme a las disposiciones de la Santa Madre Iglesia, y se destinará al culto público y a la edificación espiritual de los fieles. Asimismo, esta Hermandad renueva su firme compromiso de promover la devoción y el conocimiento de la vida y obra de Santa Cándida María de Jesús, difundiendo su carisma y su ejemplo de entrega total a Cristo y a la misión evangelizadora».
Pakea Murua, en representación de la Congregación de las Hijas de Jesús, entregó la reliquia con estas palabras:
Santa Cándida —Madre Cándida, como nos gusta llamarla— fue, ante todo, una mujer que se supo profundamente amada por Dios. Nació en una familia humilde y se formó en la escuela de la vida cotidiana. Allí comprendió que la verdadera grandeza no procede del prestigio ni de los medios humanos, sino de la confianza plena en el Señor. Su frase, “Yo, solo para Dios” resume una existencia entregada, disponible y abierta a su voluntad.
De esa confianza nació su audacia. En medio de dificultades, incomprensiones y escasez de recursos, se dejó conducir por Dios y respondió con valentía a las necesidades de su tiempo. Miró con especial ternura a las niñas, mujeres y jóvenes con menos oportunidades, a las familias pobres y a quienes quedaban al margen. Para ella, amar a Dios significaba acercarse a las personas más vulnerables, acompañarlas, abrirles las puertas de la educación y reconocer en cada una la dignidad de hija de Dios.
Al expresar su deseo de que la nueva congregación se llamara “Hijas de Jesús”, señaló el centro de su espiritualidad. Quería que quienes recibieran aquella misión mantuvieran la mirada puesta en Jesús, aprendieran de Él y vivieran como hijas en el Hijo. Ser Hijas de Jesús significaba —y sigue significando— saberse amadas por el Padre, transparentar con la propia vida a su Hijo y continuar su misión allí donde se necesitan consuelo, cuidado, educación, justicia y esperanza, y donde es preciso combatir las desigualdades.
En este camino, María de Nazaret ocupó un lugar entrañable. Santa Cándida la contemplaba como madre, compañera, discípula de Jesús y maestra de fe: la mujer sencilla que escucha, se pone en camino, cuida la vida y permanece fiel junto a su Hijo. De ella aprendió a decir “sí” en lo cotidiano, a confiar cuando el horizonte no estaba claro y a servir sin buscar protagonismo. Su devoción mariana no la apartó de la realidad; al contrario, la acercó aún más a Jesús y a las necesidades concretas de las personas.
La experiencia de saberse hija amada de Dios se convirtió en fraternidad. Quien reconoce a Dios como Padre descubre que nadie puede resultarle indiferente. Por eso, el legado de Santa Cándida no es solo el recuerdo de una obra admirable, sino una llamada viva a cuidarnos, a servir sin buscar reconocimiento, a permanecer cerca de quienes sufren y a hacer vida las Bienaventuranzas. Su confianza en la Providencia le permitió afrontar las adversidades con una paz honda, “tranquilísimamente tranquila”, porque sabía que la obra era de Dios y descansaba en sus manos.
La reliquia que hoy recibe la Hermandad de Pasión hace visible esta comunión. No es un objeto destinado únicamente para contemplar, sino un signo que nos remite a una vida entregada a Jesucristo. Al custodiarla y venerarla, la Hermandad acoge también una invitación: contemplar la Pasión del Señor con la mirada de Santa Cándida, reconocer en Cristo entregado el amor del Padre y transformar esa contemplación en cercanía, servicio y fraternidad.
Que esta entrega sea, por tanto, motivo de gratitud. Agradecemos a la Hermandad de Pasión que reciba la reliquia y se comprometa a custodiarla y agradecemos a Dios porque sigue suscitando testigos capaces de iluminar nuestro camino.
Santa Cándida María de Jesús, enséñanos a vivir con la certeza de que Dios es nuestro Padre y a reconocer a cada persona como hermana. Que sepamos ser sembradores de paz y de amor en un mundo en el que parecen crecer el odio y la división. Danos valentía para responder a las necesidades de nuestro tiempo, siendo luz de esperanza en medio de la creciente inhumanidad, y una confianza firme para caminar de la mano del Señor, también en medio de las dificultades.
Y tú, María de Nazaret, Madre cercana y mujer del sí, nos sintamos acompañados. Enséñanos a escuchar, a guardar la Palabra en el corazón, a ser fieles a Dios y a llevar con sencillez la presencia de Jesús a quienes más lo necesitan. Amén.