“La mirada compasiva del Padre y la kénosis del Hijo bajo la acción del Espíritu son la fuente y también la meta de nuestra misión apostólica.” (CG XVII, 2)

Solo es posible celebrar la RESURRECCIÓN si nos dejamos mirar por la misericordia del Padre, si nos “encarnamos” entre los más pequeños como el Hijo y si permitimos  actuar al Espíritu en nosotras y entre nosotras. Así podemos llegar al Señor Resucitado y con su gracia experimentar los santísimos efectos de su resurrección.

Feliz Pascua de Resurrección y que, al celebrarla, el Resucitado  nos libre de la trampa de vivir sin esperanza, como si Cristo no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.

Un abrazo pascual para todas

 

Mª Carmen Martín

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