Reflexión

Diego Velicia, psicólogo del COF Diocesano.

En los números 99 y 100 de Amoris Laetitia el Papa Francisco desgrana la expresión “el amor es amable” de la carta de San Pablo a los Corintios de una forma realmente original a la hora de entender la amabilidad como la delicadeza de contar con el otro para nuestra vida.

El amor auténtico detesta hacer sufrir a los demás. Por eso cultiva una sensibilidad que le permite aprender a sentir, a hablar y, en ciertos momentos, a callar. Puesto que la intimidad que supone el matrimonio, pide la delicadeza de una actitud no invasora que respeta la libertad del otro y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón. Traduciendo esa delicadeza a expresiones habituales diríamos: “¿qué te parece si…?” “¿cómo ves si hacemos…?” Se trata de contar con el otro, de dejar que se ponga en marcha su libertad, interpelada por esa pregunta.

El pesimismo que destaca defectos ajenos y no cree en las posibilidades de cambio, provoca la dureza en el trato.

El amor amable genera vínculos, crea redes de integración que fomenta un sentido de pertenencia desde el que se puede sostener una entrega por los demás. Cuando el trato en la familia, hacia la esposa o el esposo, hacia los hijos, es duro, rígido, intransigente, la convivencia se vuelve casi imposible. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, estimulan, consuelan…

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El día 27 de diciembre comenzamos la Congregación Provincial. Durante estos días de Congregación tras la dispersión, queremos que toda la Familia Madre Cándida pueda conocer lo que ocurre. 

Para ello, hemos abierto este espacio, donde iremos colgando las noticias y artículos que vayamos publicando. Haz clic en cada uno de los ítems para leer los artículos.

Esperamos que os sea de interés y os pedimos apoyo y oración para este tiempo tan rico que continúa el camino ya iniciado hacia la Congregación General XVIII (#CG18FI)

 

GALERÍA DE FOTOS DE LA CP

 

Tras la Congregación Provincial:

Durante la Congregación Provincial:

 

En camino hacia la Congregación Provincial:

 

Si vamos a hablar de cosas de la Congregación de las Hijas de Jesús, conviene conocer unas cuantas siglas para no perdernos con las abreviaturas:

CG – Congregación General

CG XVIII – La Congregación General en la que estamos

CP – Congregación Provincial

CFI – Constituciones de las Hijas de Jesús

DNC – Directrices y Normas Complementarias

RCG – Reglamento de la Congregación General

RCP – Reglamento de la Congregación Provincial

 

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Los números 97 y 98 de la Amoris Laetitia nos previenen contra  la vanagloria.

Es curioso, porque siendo algo increíblemente extendido en nuestra sociedad, aunque lo reconocemos fácilmente en los demás, nos cuesta más hacerlo en nosotros mismos.

El peligro de la vanagloria no es solo el querer que los demás nos admiren, nos quieran, nos alaben, nos tengan en cuenta… Lo peligroso es que queriendo ser el centro, terminamos des-centrados, buscando ser la medida de todas las cosas. Y esa actitud nos lleva a que en nuestro universo, en el fondo solo cabemos nosotros mismos: Dios no tiene lugar, ni el otro, ni el mundo…  Tarde o temprano, nos damos cuenta de que hemos perdido nuestro propio lugar de criaturas, de hijos de Dios, de hermanos. Y quedamos desubicados, desdibujados, siendo una sombra de nosotros mismos…

Contra este peligro, tenemos también en estos números, un buen antídoto que el Papa Francisco nos propone recordando el rumor de fondo del Evangelio:

“lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil”

Cuando tengamos dudas sinceras sobre si lo que vivimos, decimos, hacemos o sentimos va en la línea de Dios, preguntémonos si en definitiva nos lleva a comprender, a cuidar y a proteger al débil.

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También el título podría ser:  la paradoja de lo pequeño, la desproporción entre los medios y el finla inspiración y la realización, el proyecto y su concreción… cualquiera sirve para referirme a ese acontecimiento que estamos recordando en estos días:  el nacimiento de la Congregación de las Hijas de Jesús  el 8 de diciembre de 1871.

Y en aquella fría mañana en Salamanca,  esta mujer con otras cinco más,  escucha estas palabras:  “sois pocas en número y en calidad todavía menos… según los juicios del mundo.  La obra no es vuestra es de Dios, Él  sabe y conoce los instrumentos que escoge”.

Hoy,  en este diciembre de 2018, en que se cumplen 147 años de aquella fundación,  necesitamos traer a la memoria de nuestro corazón aquellas palabras proféticas.  Somos conscientes del número más reducido,   de las limitaciones,  de las pocas fuerzas,  de la fragilidad que nos rodea y sin embargo,  volvemos a proclamar:  la obra es de Dios,  Él nos conoce y nos sigue eligiendo,  invitando a colaborar. 

Se hace necesidad en nosotras revivir la tríada de los Ejercicios Espirituales:  pecadoras-perdonadas-invitadas y yo añadiría enamoradas con la fascinación que nos regala seguir a Jesús como centro de nuestras vidas y desde Él y con Él poder colaborar en el sueño que Dios tiene sobre nuestro mundo.

Cándida María de Jesús miró el mundo,  consciente de su pobreza, pero confiada en saberse elegida a pesar de sus inmensas limitaciones.  Miró,  se compadeció y actuó. Y es que no podemos mirar nuestra realidad sin afectarnos,  sin que se nos conmuevan las entrañas,  sin que la compasión quede intacta. 

Vemos un mundo fragmentado, luchas y guerras con violencia imparable,  niños y jóvenes cruzando fronteras en busca de la vida,  padres y madres desorientados en su responsabilidad,  sociedades multicolores e interculturales,  las tecnologías nos acercan los acontecimientos en tiempo real, los jóvenes en algunos contextos tienen todo y se sienten vacíos,  en otros les falta lo más indispensable para vivir…

Y ahí,  aquí y ahora,  sentimos esa llamada a la misión que no es nuestra,  ni siquiera de la Iglesia, sino de Jesucristo.  Esas primeras palabras fundacionales ya indicaban algo de esto;  no hemos aumentado el número pero el árbol original nos ha dado diversas ramas que han hecho crecer la familia Madre Cándida.  Y nos acercamos a través de muchos y variados miembros a esa misión ingente para la que continuamos con fuerzas escasas pero con mucha fe y esperanza en nuevas formas,  en maneras de responder a la misión con creatividad que nace del fondo y se dirige al centro no a la superficie de las personas propiciado el camino para encontrarse consigo mismas,  con su propia verdad y con Dios.

Hoy educar cristianamente en este mundo real que nos envuelve pasa por ayudar a ser,  a desarrollar con plenitud esos dones que el niño,  el adolescente, el joven ha recibido,  guarda en su interior y como educadoras y educadores ayudamos a que se mire y se vea,  se re-conozca en ellos y pueda multiplicarlos siendo a la vez objeto y sujeto de su propia formación proyectada siempre hacia los demás.  A no quedarse encerrado en sí mismo sino a dar y darse,  a sentirse agradecido y a ayudar a otros menos favorecidos por la vida.

Dios nos conoce y nos sigue invitando,  contando con nuestra fragilidad, a sembrar confianza,  esperanza,  a no instalarnos en la queja de lo que nos falta sino en el agradecimiento de lo que tenemos como es la posibilidad de seguir soñando,  creando futuro,  propiciando odres nuevos porque los que tenemos ya no sirven para lo que va llegando,  anticipando venidas,   anunciando la Buena Noticia en presente y en futuro,  como mensajeras y mensajeros que recibimos llamada y envío.  No podemos dejar de ir…

El 8 de diciembre tomamos conciencia,  una vez más,  de sentirnos parte de una obra que nos sobrepasa pero que es fuente de vida para todos los miembros que formamos parte de este grupo que quiere seguir a Jesús según el carisma de Cándida María de Jesús.  Nos sentimos alegres en la confianza y animados en la comunión que nos dispersa.

¡Feliz fiesta, querida familia!

¡Cantamos y celebramos desde el corazón universal que atraviesa fronteras!

María Luisa Berzosa fi

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“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”

Mt 6,21

El Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional está organizando un encuentro de jóvenes vinculados de un modo u otro a la pastoral de las Hijas de Jesús (alumnos de Bachillerato o Ciclos Formativos de los colegios de la Fundación Educativa Jesuitinas, Antiguos Alumnos, participantes en las experiencias de verano FI o las actividades MAGIS acompañadas por alguna Hija de Jesús, monitores de Alcor, universitarias de los Colegios Mayores...)

El encuentro tendrá lugar en Salamanca, en Mostenses, donde vivió la Madre Cándida y donde en la actualidad se localiza el colegio y una de las comunidades de Hijas de Jesús. Se trata de un fin de semana de reencuentro, amistad y oración, en el que cuidar y hacer memoria de aquello que se ha vivido y se vive; un fin de semana para disfrutar de las raíces en las que se asientan todos los que forman parte del entorno de las Hijas de Jesús y la familia Madre Cándida; un tiempo para compartir con otros jóvenes que comparten unas mismas inquietudes. 

¡Anímate, lánzate y, sobre todo... déjate sorprender!

Para más información, ponte en contacto con el Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional, bien a través de su correo electrónico (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) o del teléfono 652 979549

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Parece evidente que el bien del otro me hace bien a mí. Promover el bienestar de tu pareja sería entonces una actitud inteligente. Y entonces, ¿por qué a veces sentimos envidia del otro? ¿por qué nos ponemos tristes cuando recibe una felicitación, una recompensa, un agradecimiento, un gesto de cariño…y yo no?

Sencillamente porque muchas veces nos situamos en el ombligo del mundo y nos parece que el éxito de la otra persona también se debe, en alguna medida, a nuestra generosidad, presencia, empuje, consejo, etc los cuales no siempre son valorados en su justa medida. ¿Pero qué medida?

Vivir así una relación, midiendo a cada paso lo que pone uno u otro, nos llevaría a un imposible punto donde la frustración se haría presente en cualquier iniciativa, actividad, propuesta…

Vivir en cambio, el éxito del otro como tu propio éxito produce el fruto de la armonía y la alegría compartida, porque el bienestar (del otro) da una base de sólida confianza en la pareja, algo que permite crecer a ambos y dejar que, en otra ocasión, sea yo el que también experimente y disfrute el éxito acompañado y alentado por el otro.

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