De nuevo es primavera, pero en  Alcarràs la  primavera trae consigo muchas connotaciones especiales que la hacen distinta a otros sitios.

Los árboles, como en otros muchos lugares florecen en estas fechas, pero la impresión es distinta cuando estás rodeada de muchos kilómetros a la redonda de  flores color blanco, rosa, rojo…  Con ellas vuelve a florecer también la esperanza de trabajo para miles de inmigrantes africanos que recoger la nectarina, los paraguayos, los melocotones….  Y este trabajo se realiza en grupos, con lo que lleva de nuevas amistades, acogida, calor, cansancio. Vienen buscando el vivir de cada día o incluso, muchos, el sobrevivir en este tiempo de crisis, dónde cada vez les cuesta más encontrar unos días de trabajo.

Lo que para nosotros es belleza, todo el horizonte lleno de colores colores, para ellos se transforma en esperanza  de trabajo a pleno sol en julio y agosto con temperaturas de 40º y 45º,  trabajo que les da la oportunidad de mandar dinero a sus familias, de pagar las deudas del resto del año, de guardar algún dinero para una habitación durante los próximos meses. Solo algunos, pocos, tienen la suerte de encontrar algún “Pagés” que esté dispuesto a contratarlo el año completo para poder arreglar papeles, lo que supone hacerse visibles, legales, ciudadanos.

Lo que para nosotros es explosión de vida y alegría, para ellos es una oferta de trabajo que les invita a recorrer miles de kilómetros y que no siempre se realiza  cómo ellos soñaban. En muchas ocasiones pasan semanas o meses sin encontrar quién les dé esos días de trabajo que han venido buscando. Otras veces, las condiciones de la recogida tampoco son las deseadas. Y en muchas ocasiones no encuentran tampoco una vivienda digna para vivir durante estos tres o cuatro meses que dura la temporada.

Para los que desde Cáritas, y desde nuestra comunidad religiosa, nos preocupamos por ellos, también es una buena noticia el manto multicolor porque muchos si verán cumplidas sus expectativas, si les habrá merecido la pena el viaje, el esfuerzo, el cansancio. Y si bien tres o cuatro meses de trabajo no solucionan la vida a nadie, a ellos que viven con muy poco sí les da para compartir con sus familias y  prepararse para el invierno. Nuestra atención va dirigida a esos que, cada vez en mayor número, no tienen la suerte de ser “contratados”  al principio de la temporada y que deambulan por las calles sin oficio ni beneficio, para los que el comer cada día les supone más esfuerzo que un día de trabajo.

Enriqueta Seva

 Comunidad Hijas de Jesús - Alcarràs

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