El día 11 de marzo nos reunimos las superioras de la provincia España-Italia convocadas por la superiora provincial, M. Carmen Martín. Esta reunión  ha sido una continuación de la anterior que tuvo lugar en diciembre de 2016. Una bola del mundo presidió todo nuestro encuentro y sirvió en un momento determinado para expresar un gesto significativo en el que fuimos pasando esta bola de unas a otras pero no individualmente sino juntando muchas manos para sostenerlo e invitar a que otros  también la sostuvieran

Iniciamos el encuentro con las palabras de Mª Carmen que fueron de bienvenida y agradecimiento. Después de unos momentos de reflexión cada una fuimos expresando a través de una rutina de pensamiento, que nos ayudaba a expresar mediante un color, un símbolo  y una imagen, lo que nos llevamos del encuentro de diciembre.

Dedicamos un tiempo a la oración personal con el texto de Juan 20, 19-20, donde pudimos constatar como ante la experiencia de reconocer a Cristo resucitado, la comunidad apostólica se transforma:

  • Pasa del miedo a la PAZ
  • De la oscuridad a la ALEGRÌA
  • De puertas cerradas, al ENVÍO A LA MISIÓN

Con el reconocimiento de Cristo resucitado en medio de nosotras, experimentaremos que Él, hoy, también nos envía a predicar el evangelio con dinamismo nuevo que contagia alegría y esperanza. De nuevo, Mª Carmen nos  centró en el tema del día ¿Cómo vivimos el ser un Cuerpo apostólico universal en el hoy de nuestra vida, en el hoy de nuestra provincia? Recordamos lo que nos dice la CG XVII, en los números 5, 6, 7.

A veces se nos olvida que es Dios quien nos sostiene y nos quedamos en nuestra pequeñez y en nuestras pobrezas. Corremos el peligro de paralizarnos, “encerrándonos” en nuestras propias debilidades. Y también el peligro –como nos decía el Papa, en la homilía que dirigió a los consagrados el día de la Vida Consagrada- de caer en una “tentación que puede hacer estéril nuestra vida consagrada: la tentación de la supervivencia. Un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de las comunidades.”

Para cuidarnos de esta tentación el Papa nos invita a: poner a Jesús en medio de su pueblo. Sólo eso podrá devolvernos la alegría y la esperanza, solo eso nos salvará de vivir una actitud de supervivencia. Solo eso hará fecunda nuestra vida y mantendrá vivo el corazón. Poniéndonos con Jesús en medio de su pueblo podremos salir de nosotras mismas para unirnos a otros.

Conscientes de que Dios viene a nuestro encuentro, de que Dios nos sostiene, de que Dios no defrauda, de que la esperanza en Él no desilusiona… nos situamos como cuerpo apostólico universal, un Cuerpo en el que sus miembros:

  • Se sienten vinculados afectiva y efectivamente.
  • Evangelizan con dinamismo nuevo que contagia alegría y esperanza.
  • Testimonian con tal sentido su vocación que posibilita que surjan nuevas vocaciones.

Después de un tiempo de reflexión personal dedicamos un rato a compartir lo reflexionado en pequeños grupos.

En otro momento se nos invitó a pensar en  la reorganización de nuestras presencias  tratando de dar respuesta a esta pregunta: ¿cómo podemos hoy reorganizar, reconfigurar, nuestras presencias, los grupos comunitarios, para el  “mayor servicio de Dios y bien de los prójimos”, para que quede fortalecida la acción evangelizadora, para vivir en misión, desde la misión y por la misión…?

En este punto sentimos la necesidad de atrevernos a soñar… y comprometernos con este sueño: ir buscando, sugiriendo, proponiendo… todo aquello que vamos descubriendo, para reorganizarnos en Núcleos Apostólicos  con un Proyecto de Misión Común.

Por la tarde recibimos información por parte de los equipos de ayuda de la provincia. Pablo Labandeira y Mª José Fernández nos instruyeron y sensibilizaron,  sobre el  tema de la Comunicación.  Blanca Esther Iriarte sobre el plan de trabajo que tiene planteado el equipo de Revitalización de nuestro ser en misión y Mariam Cantalejo nos presentó el Equipo de Pastoral Juvenil y Vocacional, el trabajo que están haciendo y las actividades programadas para este curso.

Terminamos la jornada con la celebración de la eucaristía donde dejamos toda nuestra realidad y nuestros sueños para que Jesús los vaya haciendo realidad.

Mª Ángeles Elorza

 

 

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