Hace más de quince días acabó el campo de trabajo 'Construyendo puentes', en Almería, organizado por las Hijas de Jesús y en el que participaron jóvenes de la Red MAG+S.  

Teníamos muchas ganas e ilusión, pues el verano pasado fue imposible por la pandemia. Por una parte, por el vínculo con las familias y los niños y niñas del barrio de Piedras Redondas y, por otra, porque a nivel de pastoral queríamos ofrecer a los jóvenes esta oportunidad, sabiendo que, como en todos los ámbitos, había que hacer protocolos COVID y tener en cuenta los distintos escenarios que podrían darse. 

Con ganas, ilusión y esfuerzo comenzamos el campo de trabajo el domingo 18 de julio. Unos días antes fuimos el equipo, formado por Jokin (novicio Jesuita), Ana Barberán (joven FI vinculada al Colegio Mayor Berrospe), Ana Benito (profesora del Colegio Gamarra y perteneciente al Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional) y yo (Naike FI).  

El punto de encuentro era el colegio de 'Virgen de la Paz' de Piedras Redondas, que, como siempre, nos acogieron y facilitaron todas sus instalaciones.  El domingo se fueron incorporando los 9 jóvenes venidos de distintas partes de España, todos dispuestos a colaborar en la escuela de verano de la parroquia de San Ignacio (de los Jesuitas). Allí nos esperaban alrededor de 65 niños deseosos de poder disfrutar de estos días y los monitores del barrio, que con tanto esmero y esfuerzo habían hecho toda la decoración teniendo en cuenta la temática elegida: los piratas. Nuestro lema de la escuela de verano fue: 'Navegando juntos'. 

El lunes y martes fueron dos días intensos de escuela de verano. Para algunos que ya habíamos ido otros años, de reencuentros, de volver a pisar esa tierra sagrada del barrio, de su gente... Personas que, como cada año, con tanto cariño nos acogieron. 

Sigo con el corazón agradecido por la cara de alegría y de felicidad que esos días pudimos ver y compartir con los niños y niñas de la escuela. Dos días llenos de alegría, de juegos, de encuentros, de vínculo, de mucha ilusión. 

Pero el martes hubo un alto en el camino. Recibí una llamada de teléfono diciéndome que la prueba PCR que me habían hecho había dado positivo. En ese momento se te pasan muchas cosas por la cabeza y el corazón. Acto seguido, otra joven del campo de trabajo también dio positivo. Es verdad que teníamos protocolos hechos, que se podía contar con algún positivo, pero lo veíamos lejano. Fue un palo para todos por lo que eso suponía. De repente nos tocó acoger, reconducir el campo de trabajo y aprender a relativizar, confiar y esperar. 

En medio de todo, dando muchas gracias a Dios porque todos nos adaptamos y fuimos acogiendo las distintas decisiones que desde Sanidad nos iban dando y porque, además, las personas positivas fuimos asintomáticas. El lema del campo de trabajo de Almería que les compartí a los jóvenes el domingo, 'Construimos juntos + flexibilidad', se hizo más real que nunca. Ahora se trataba de reconducirlo todo, de acoger la vida, de encajar y asumir lo que a todos nos tocaba vivir, de cultivar la espera y la confianza, de navegar juntos y de, entre todos, salir hacia delante. Pronto llegó la noticia del cierre de la escuela de verano. Nos costó mucho, pero entendimos y acogimos la decisión.

Quiero agradecer el apoyo incondicional por parte de mis hermanas Hijas de Jesús de Almería, por los hermanos Jesuitas y los laicos y laicas del Colegio Virgen de la Paz y de Misión Almería que han estado pendientes. También a los monitores del barrio y a las familias que acogieron y comprendieron la decisión de manera extraordinaria y de los que hemos recibido el cariño y apoyo. 

Hemos vivido, de verdad y en autenticidad, lo que es ser comunidad, lo que es ser ayuda unos para otros, lo que es sostenernos y alentarnos. Como os podéis imaginar, en estos días hemos vivido de todo: montaña rusa de emociones, oportunidades y dificultades, luces y sombras, días mejores y días peores…

Tuvimos varias reuniones para reconducir el campo de trabajo. Gracias a las nuevas tecnologías nos conectábamos, al menos, dos veces al día: 

  • La oración de la mañana: comenzábamos todos juntos, era el momento de sentirnos comunidad reunidos en nombre de Jesús. Teníamos un tiempo personal de encuentro con Él y de registrar lo que Dios nos iba a susurrando a cada uno en esta situación. Dios ha tenido una Buena Noticia para cada uno de los que hemos participado en el campo de trabajo. 
  • El examen de la noche o círculo MAG+S, para cerrar el día en comunidad dando gracias a Dios por su paso en nuestras vidas.

Seguimos adelante con los testimonios y, gracias a los medios con los que hoy podemos contar, conseguimos algunos más. Disfrutamos con el testimonio de Germán, profesor del colegio Virgen de la Paz; de María Benitez FI y Enri FI, Hijas de Jesús de la comunidad Almería; de Ana García FI, Hija de Jesús, que vive en Roquetas; de Pilar Brufal FI, Hija de Jesús que vive en Tailandia y Joaqui Salord SJ, Jesuita. Gracias, porque todos estos testimonios nos hablan de personas concretas que encarnan a Jesús allí donde viven. Sus testimonios nos transmiten que son mujeres y hombres apasionados por Jesús y su Reino, que se sienten enviados a estar, acompañar y permanecer, con muchas dosis de paciencia, siendo conscientes que los procesos transformadores son lentos; hombres y mujeres para los demás, que no entienden su vida si no es desde esa entrega generosa a los demás.

Y también tuvimos otros momentos: de ver pelis, de hacer pulseras, de juegos, de compartir, de estar…

Sin lugar a dudas, ha sido un campo de trabajo muy diferente al que he vivido en años anteriores, pero también en este Dios ha salido a nuestro encuentro. Al pensar en la escuela de verano me vienen al corazón las caras de alegría y de felicidad de los niños que estuvieron durante esos dos días en la escuela de verano. Y cómo no, todo el aprendizaje que cada uno nos hemos llevado. Estoy convencida que es pronto para hacer una lectura honda y profunda de lo que cada uno hemos vivido, pero sí tengo la certeza de que Dios nos esperaba aquí en Piedras.

Doy gracias porque entre todos, en medio de la complejidad de la vida, hemos ido “navegando juntos” y poniendo todo lo mejor para vivir esta experiencia, que tomó otro camino. 

Puedo decir que a lo largo de estos días  todos, los jóvenes y el equipo de monitores, hemos formado una comunidad, donde las palabras claves han sido sinceridad, búsqueda, comunidad, oportunidad, dificultades, incertidumbre, complejidad, ayuda, autenticidad, confianza, paciencia, aprender a relativizar, fe, Jesús, vínculo y mucho agradecimiento.

Naike Martín Palomeque FI 

Coordinadora de Construyendo Puentes

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