Ojalá lo complicado fuera siempre tan fácil.

Quizá la explicación esté en las predisposiciones que tengamos de cara a nuestras experiencias. Cuando estamos predispuestos parece que nada nos coge por sorpresa y, si nos coge, lo sabemos asimilar como algo que es lógico y natural.

Otra explicación para hacer fácil lo difícil es cuando estás rodeado de personas que te quieren,  por el mero hecho de ser una Hija de Jesús, y te sobrepones más rápidamente ante esa dificultad.

Yo llegué a Bolivia con una experiencia de pánico puesta. Durante el vuelo hubo turbulencias, y en una de esas más fuerte sentí que nos matábamos. Ante el susto pensé que si me ponía a rezar recobraría la paz y eso hice. En cuanto entré en la oración la imagen la tuve muy clara y unos días más tarde comprendí que es que no pudo ser de otra manera. La imagen era yo en una barca con los apóstoles, gritando con ellos “Señor, socórrenos que perecemos”. La respuesta de Jesús ya la sabemos. Y yo, ante la escena, me preguntaba por qué mi miedo era más grande que mi fe. Limitaciones que tiene una.

No perdí el miedo y estaba deseando aterrizar pero, por lo menos, en lo que me duró la oración-meditación mi cabeza no estuvo pendiente de las turbulencias.

Al llegar a nuestra casa de Cochabamba nos encontramos, además de con un cariñosísimo recibimiento, con que nuestra hermana Mª Dolores Cano se estaba muriendo. Esto de acompañarnos en la muerte  también forma parte de nuestra vida de Hija de Jesús estemos donde estemos.  Pero yo venía del pánico y pasaba a contemplar la muerte, desde un cariño y un respeto tremendo compartido por todas las hermanas, pero era la muerte.

Al día siguiente de mi llegada enfermé. No sé si por el mal de altura, por unos vértigos que a mí me dan de vez en cuando o porque todavía tenía el miedo en el cuerpo. El caso es que me pasé el día vomitando y sin poderme levantar.

En 24 horas: experiencia de miedo, experiencia de ver de cerca a la muerte y experiencia de enfermedad. Todo muy complicado.

¿Y por qué tengo la sensación de que todo ha sido fácil? Creo que es por lo que  decía al principio sobre la predisposición aunque, en realidad, para mí es disposición ignaciana. Yo había dedicado algunas semanas antes de mi partida a disponer mi corazón para esta preciosa experiencia que me esperaba. En ese camino de la disposición traté mucho la indiferencia.

Quería venir dispuesta a todo, lo que me viniera lo iba a recibir como regalo de Dios sin mirar si era mejor o peor, si me gustaba más o menos, si me iba a resultar  fácil o difícil… Y yo ahora añado, recordando una vez más a San Ignacio, sin desear más salud que enfermedad, vida larga que corta, más valor que miedo…

He sido creada para alabar a Dios y lo quiero hacer aunque sea en un avión sintiendo mi pobreza humana, ante la muerte de una hermana sintiendo mi propia finitud o ante una enfermedad sintiendo mi propia fragilidad personal. 

Y se hace todavía más fácil cuando encuentras brazos abiertos, alegrías reales, cuidados constantes, cariño verdadero y buen humor. Gracias hermanas en Cochabamba, gracias por todo. Gracias por hacerme tan fácil lo complicado.

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