Hoy nos hacemos eco del encuentro que, dentro del tema COVID 19: Re-imaginar el futuro, convocó la UISG con la Unión de las Conferencias de los Superiores y Superioras Mayores de toda Europa (UCESM).

Decía la presidenta de la UISG al comienzo:

El encuentro está impulsado por el deseo de actuar juntos, de pensar juntos de construir y ser signo de comunión que Dios nos regala como un don del Espíritu... Estamos cruzando el pasaje del miedo a la creatividad. Debemos detenernos y escuchar la lectura que nos revela la realidad y dejarnos fecundar por el Espíritu.

 La UCESM nació del deseo de estar juntos para intercambiar, reforzar la identidad para que la VR sea una presencia significativa en el continente europeo ofreciendo una contribución específica. La misión de la UCESM es un el interlocutor tratando de ser una voz profética, creativa, que refleja lo que viene sobre el camino que la VR está atravesando. Es la unión de 39 conferencias regionales de 22 países europeos.

 

Algunas notas tomadas del webinar sobre qué desafía a la VR en Europa en este tiempo.

Necesitamos volver a caminar juntos. Unión a nivel del ser, no tanto del hacer. Lugar de encuentro de las conferencias nacionales. Trabajar para que haya una unión de la VR en Europa es un signo profético. Es una forma de colaborar a la construcción del Reino de Dios.

Los desafíos se pueden encarar con sinodalidad, juntos compartiendo la responsabilidad. También los desafíos de la VR en Europa porque si los países son distintos también hay una forma de unidad porque a menudo los desafíos son los mismos:

  • Una vida espiritual sencilla que no sea mundana.
  • Una comunión intercongregacional.
  • Los religiosos tienen que ser los profetas de la dimensión humana.
  • La eclesialidad de la VC es fundamental.
  • El diálogo entre los carismas de las órdenes antiguas y de los nuevos movimientos, que representan un riesgo pero también tendrían que ser una forma de invitar y animar.
La VR tiene un futuro pero tendrá otra forma respecto a la que tuvimos en el pasado y todavía existe en algunos lugares. El futuro nace a partir del presente. No  habrá un futuro si no enfrentamos los problemas de hoy. Juntos podemos ofrecer una respuesta a estos desafíos y no por separado. Ya se acabó el tiempo de la competencia entre congregaciones. Hombres y mujeres pero también entre católicos, protestantes y ortodoxos. Necesitamos una colaboración internacional. Tenemos una vocación para nosotros y para nuestra sociedad.

Este virus ha cambiado el mundo. Nos está afectando y conmoviendo a todos. Muchas congregaciones han perdido muchos religiosos. Hay problemas financieros en algunas de nuestras misiones. Nos preocupan también las necesidades de la gente. Grandes sufrimientos que compartimos.

¿Cuál es la vida comunitaria en este marco de confinamiento? ¿Hemos aprovechado este tiempo para vivir más profundamente nuestra vida fraterna y nuestra oración comunitaria o hemos puesto barreras parar proteger nuestra clausura personal?

Esta crisis llegará a su fin y sin duda tendrá consecuencias muy positivas: usar nuevos medios de comunicación, encontrar otros medios para reflexionar y hacer reuniones sin tener que encontrarnos siempre, nos enteramos de cómo estamos interconectados pero también de nuestra fragilidad. Tendremos que superar nuestro miedo, salir de nuestro encierro e ir allá donde está la gente. Como los apóstoles, que salían de su encierro y con el Espíritu ir cerca de la gente. Este es el sentido de la VR.

Puesto que la mascarilla ocultará nuestra sonrisa por mucho tiempo, el nombre de Jesús tiene que ser legible en nuestros ojos con mucho brillo y mucha esperanza.

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