¿Qué seduce de la Madre Cándida? ¿Qué sigue teniendo sentido hoy? ¿Qué nos puede abrir horizontes?

A mí me salen unas cuantas palabras y a medida que las voy a ir desglosando, seguro que a cada una le surgen otras, las suyas, las que hacen eco en el adentro, que son palabra de Dios.

Casa, faro, cartas, corazón y mujer.

CASA
Juana Josefa es casa, es hogar, es refugio, es acogida, es apertura y mesa compartida, sobre todo para los más pobres.

Pero vamos a hacer un recorrido por su propia casa, por Berrozpe. Llegó a ser casa de vecinos, tras una larga evolución: de casa torre, de defensa, pasó a ser palacio, después fue caserío y finalmente casa de vecinos.

A veces en nuestra vida pasamos, al menos yo he pasado, por épocas de ser «casas torre», de defensa, o incluso de ataque; épocas en las que nos vemos luchando frente a todo y frente a todos, o épocas en las que creemos que de «luchar por la justicia» lo importante es mi lucha, nuestra lucha, no la justicia. Y podemos hacernos hacemos beligerantes, intransigentes... y lo vestimos de lucha por el Reino, pero aún no hemos entendido nada.

Otras veces somos «palacio», nos acomodamos en nuestra vida, nos asentamos, vamos consiguiendo cotas de comodidad para poder alcanzar algo en la vida, éxito, o vamos creyéndonos que lo que siempre se ha hecho así está bien, porque alguna vez lo estuvo y no se tiene que cambiar y creemos que es una cuestión de madurez, pero nos equivocamos, porque es una cuestión de tentación del mal espíritu.

En otras ocasiones nos convertimos en «caserío», lugar de trabajo, pero quizá también de activismos, tiempos en los que nos llenamos de actividades y el estrés nos inunda y la ansiedad nos hace no vivir de verdad y perdemos el horizonte, aquello que nos hace levantarnos cada mañana recibiendo la vida como regalo y vamos con el ceño fruncido y no nos damos cuenta de ello.

Pero también hay veces en las que conseguimos ser «casa de vecinos», de relación, de compartir, de estrechar lazos. Somos familia por que nos reconciliamos con nosotras mismas, con la tierra, con Dios y hacemos espacio dentro, espacio de gratuidad, espacio de vida. Nos permitimos ser útero, espacio sagrado de vida para ser transitado por el Dios que gesta la misma vida.

Juana Josefa nos invita a ser esto último: casa de vecinos, sencilla, de relación, de ayuda. Casa en la que todos caben; ricos y pobres, pero sobre todo pobres. Ella no es casa porque sea buena, o porque se lo proponga, sino porque mira y ve que no tienen hogar, ni lugar y lo tiene claro: «donde no hay sitio para los pobres no hay sitio para mí».

¿Cuándo soy casa, hogar, familia? 

¿Cuándo abro mi vida a los demás, ricos y sobre todo, pobres?

En una de las paredes del primer piso del caserío de Berrozpe se encuentra escrito, en euskera y en castellano, este texto:

Entre estas paredes se fraguó un gran sueño.
Y el sueño se hizo Reino.
Aquí Juanitatxo creció al calor del hogar
y su corazón se convirtió,

a fuerza de Amor, en tierra fecunda sembrada por la Palabra,
de donde brotó, firme, el empeño por la educación
y la lucha por la justicia, allá donde se necesitase.
Ahora nos toca a nosotros,
frutos de ese Amor,

seguir sembrando Vida donde el Espíritu nos lleve
y continuar el sueño de la Madre Cándida
de hacer del mundo, Reino.

Un sueño fraguado entre vecinos, en la cotidianidad de la vida, con otras y otros...

Llamadas a ser casa, a ser hogar, a ser hoguera en torno a la que se sienta la familia, los amigos. Una casa llena de rostros, nombres, familia, porque una casa sola nada, pero con Dios todo...

Seamos casa, hogar, acogida, alternativa a los pisos de soltera, a los hoteles en los que estamos de paso, seamos hogar donde se impulse la esperanza, donde se compartan las búsquedas del camino.

 Puedes descargar el artículo entero AQUÍ.

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