«Sola nada, pero con la gracia de Dios todo lo puedo». Esta frase parece que Juana Josefa la dice en Valladolid, lugar en el que vive la inspiración del Rosarillo. No sé si la decía o la vivía. Conociendo la vida de esta mujer, más me inclino a pensar que la vivía y me pregunto quién la apuntaría para que pasase a la historia.

Pero eso es lo de menos, porque lo importante es que es cierto. Porque cuando nos empeñamos en ir solas tenemos un recorrido muy corto, pero cuando tomamos conciencia de que Dios va con nosotras, no hay quien nos pare.

Así que, hagamos nuestra primera parada y pensemos en un acontecimiento en el que fuimos solas y nos perdimos, no encontramos horizontes, hicimos aguas, nos vinimos abajo; y otro en el que fuimos con otros, quizás fuimos también conscientemente con Dios y, aun en medio de dificultades, logramos llegar, incluso a un lugar que no preveíamos.

- Recuerda un acontecimiento de dificultad en el que, al vivirlo sola, hubo oscuridad.

- Recuerda un acontecimiento de dificultad en el que, al vivirlo con otros, hubo luz.

Hecha nuestra primera parada, comenzamos.

Me resulta difícil hablar de la Madre Cándida y decir algo nuevo. Por una parte hay escritos bien documentados sobre su vida. Por otra, decir hoy algo novedoso sobre una mujer del siglo XIX, religiosa, fundadora de una congregación para la educación de la niñez y juventud femenina... no es empresa fácil. Y aportar algo sobre su experiencia inspiracional, lo que llamamos el «Rosarillo», se me antoja empresa imposible.

Por eso, el planteamiento de este artículo no es tanto qué decir sobre la Madre Cándida, ni siquiera qué nos dice hoy la Madre Cándida, a los 150 años de su Rosarillo, sino:

• ¿Qué descubrimos de nosotras mismas?
• ¿Qué experiencia de «inspiración» surge en nuestro interior?
• ¿Qué horizontes se nos abren?

Porque estamos invitadas a hacer «Memoria que nos abra al mañana que, como el pasado, será obra del mismo Espíritu Santo de Dios nuestro Padre y de Jesús, Su Hijo amado». Así pues, debemos «hacer memoria» de nuestras fuentes, una memoria para el futuro.

Date ahora tiempo para conectar con tu propia experiencia fundante, con una experiencia del corazón, con una experiencia vital que para ti haya supuesto un antes y un después.

Esto es tocar el misterio, pisar tierra sagrada, acariciar el abismo y sentirse a salvo. Y esto es lo que tocamos de Juana Josefa cuando nos acercamos al Rosarillo. Esto es descubrir algo de nosotras mismas a la luz de su vida.

 Puedes descargar el artículo entero AQUÍ.

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