Madrid, 23 de diciembre de 2019

 Queridas hermanas y hermanos:  

El Belén es como un Evangelio vivo que nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrarnos a cada uno. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él. (De la carta Admirabile signum) El Papa nos ofrece esta ayuda para que dispongamos nuestras personas para contemplar este Misterio que no se agota, sino que nos sobrecoge y nos provoca un modo de mirar la realidad. 

Al contemplar hoy el Belén, experimentamos en lo más hondo de nuestro corazón el impulso de esa unión con Dios que nos encamina al encuentro con el Dios comprometido con nuestra historia y nos invita a transitar caminos nuevos. Encuentro que nos moviliza y nos lanza al camino de la vida que las Hijas de Jesús junto con los laicos estamos llamados a recorrer en este momento. Vivirlo en dinámica de salida nos lleva a:

  • comprometernos a proteger la casa común y a vivir una ecología integral,
  • encontrarnos con los jóvenes que buscan el sentido de sus vidas,
  • acoger a los migrantes que viven el drama de la movilidad,
  • asumir el reto de vivir abiertos al Espíritu y en búsqueda para crecer en identidad como familia carismática,
  • reflexionar sobre los retos educativos que plantea el mundo actual para que la respuesta sea desde la innovación que encierra el Evangelio.
  • poner en práctica el discernimiento en común como un modo de proceder y actitud constante ante la vida.

Adentrarnos en la gruta de Belén renueva nuestro compromiso para ir y anunciar con los pastores y vivir el amor-contemplación que se transforma en amor-acción que moviliza y compromete desde lo pequeño, desde abajo y desde dentro, desde el hoy y desde el mañana.
Un abrazo fraterno

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