Domingo 6 

A las 10 de la mañana de un maravilloso domingo otoñal en Roma, con temperaturas casi veraniegas y con puntualidad vaticana, comienza la misa solemne de apertura de este Sínodo en la basílica de San Pedro.

Larga procesión de sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales, el Papa… el resto de participantes ya esperábamos dentro. Cantos, lecturas, preces, en diversas lenguas y una procesión de ofrendas llena de color y ritmos de la Amazonía, con sus frutos e instrumentos representativos. 

Al terminar la celebración, vamos saliendo a ritmo de canciones rítmicas y en la basílica se da un desorden ordenado que llega hasta el centro de la plaza y sigue en la misma, hasta que Francisco se asoma a la ventana a las 12 para una breve catequesis, rezo del Ángelus y los saludos correspondientes.

Pero no quiero dejar de destacar la homilía que nos ha regalado el Papa y que sin duda se puede seguir en todas las Redes. Su lenguaje directo, claro, aterrizando en la vida cotidiana la Palabra, ha sido un buen inicio con mucho ánimo y alegría. 

Comentando los textos de este domingo, Francisco ha dicho algunas cosas que me han tocado especialmente y que no me resisto a explicitar:

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. 

Y continuaba afirmando: 

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente, en el original, es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren. Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo.

Por la tarde, nos reunimos en la curia de los jesuitas quienes colaboramos en sus obras para conocernos como participantes en el Sínodo; éramos 18 personas procedentes de Ecuador, Colombia, Perú, Brasil, Italia, España… y de campos muy variados; REPAM, CLAR, indígenas,  congregaciones religiosas, laicos y laicas… hemos compartido nuestras expectativas, esperanzas y deseos ante este acontecimiento eclesial:  compromiso de entrega, de poner lo mejor de cada uno, reflexión, trabajo, ilusión… y unanimidad en los medios: oración y discernimiento. Convencimiento de que hoy la Amazonía,  siendo inmensamente grande y compleja, es paradigma de la Iglesia y de la humanidad, no puede considerarse en sí misma de manera cerrada.

Hemos acordado encontrarnos los viernes para celebrar la eucaristía a las 20 hs., seguida de una pizza compartida.

 

Lunes 7

La vida en Roma comienza pronto y el Sínodo se adapta a su ritmo. Hoy a las 8.30 estábamos convocados en el Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro. Cuando llegué, apenas pasadas las 8, me encontré ya una multitud que cantaba y danzaba al ritmo de las canciones que, a modo de mantra, venimos repitiendo desde la Vigilia del otro día:  al centro de un inmenso circulo de sinodales y personas de la Casa Común (iniciativa de la UISG) una gran red, fotos de mártires, una canoa, remos, instrumentos musicales desconocidos en esta parte del mundo pero que suenan muy bien…  nos une una danza con canciones que suman diversidades en la misma polifonía: “todo está interrelacionado, somos Uno”, “sigue echando las redes a lo hondo” …”los hijos, hijas, el sol, los árboles, los mares, alabamos al Señor” …

Llegó Francisco y tras una breve oración inicial, cantamos la invocación al Espíritu Santo y nos dispusimos a caminar hasta el Aula Pablo VIsin dejar de danzar y cantar. Hoy la gran basílica inundada de luz se vio sorprendida por otras luces, colores, voces, objetos, que no son habituales en sus celebraciones pero que indicaban que la Amazonía había entrado en su casa por la puerta grande… Salir a la plaza de San Pedro era también un espectáculo sorprendente porque la  procesión, llena de color y de sonidos rítmicos, tampoco es habitual en estos espacios.

En la puerta nos despedimos del equipo que seguirá trabajando fuera del Aula sinodal, con quienes nos sentimos fuertemente en comunión. Y, delante de la mesa presidencial -Papa,  relator general, secretario general, cardenales delegados-, han quedado los símbolos citados que nos seguirán acompañando a lo largo de estas semanas.

Las palabras de apertura de nuestro Papa Francisco han sido una inyección de ánimo y esperanza para comenzar los trabajos cotidianos: “orar, reflexionar,  dialogar, escuchar con humildad, sabiendo que yo no sé todo y hablar con parresía,  decir lo que siento, discernir… custodiando la fraternidad que debe existir aquí dentro”… Además nos ha invitado a orar y a no perder el sentido del humor.

Del resto de la mañana quiero destacar la intervención del Cardenal Claudio Hummes. Ha ido desarrollando los diversos elementos del título de este Sínodo: caminos, nuevos,  iglesia hoy, ecología integral… poniendo el acento en las situaciones que en la Amazonía se dan con inmensa urgencia, pero también extensivas a otros lugares y campos de la Iglesia; y no solamente a los puntos de necesidades básicas de personas y pueblos, sino también a las carencias pastorales por ausencia de sacerdotes.

Por la tarde comienzan las intervencionescada 4 de ellas, habrá 4 minutos de silencio y la última hora hay espacio para reacciones a las intervenciones escuchadas de manera libre.

La fisonomía del Aula ha cambiado: los obispos arzobispos y cardenales no necesitan llevar su vestidura oficial más que en las sesiones de apertura y clausura.  Con lo cual los colores predominantes son el gris y el negro, pero salpicados por todo el arco iris gracias a las 35 mujeres presentes -varias aborígenes llenas de colores vivos-  esta vez en proporción aún muy escasa pero aumentada en gran medida respecto al Sínodo anterior…. Esperamos y deseamos de corazón que siga creciendo.

Hoy ha moderado las sesiones Baltasar Porras, Cardenal de Venezuela; uno de los tres nombrados por Francisco para este Sínodo.  Se aprovechan los momentos informales para saludos, fotos, comentarios… Francisco llega antes de la hora y está cercano y tranquilo,  sonriente siempre sin negarse a las innumerables fotos que se le piden sin cesar.

Seguiremos informando… Gracias por los mensajes continuos de aliento que recibo. Me siento muy acompañada y eso es una ayuda inmensa.

Por María Luisa Berzosa fi

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