"aquí se ha establecido una congregación que se amamanta con la leche de Manresa en todo... que viven y comienzan en suma pobreza,..."

 

EN LA CATEDRAL DEL BUEN PASTOR DE SAN SEBASTIÁN

Siempre que voy a San Sebastián me gusta pararme ante las hornacinas exteriores de la catedral del Buen Pastor y contemplar a los santos guipuzcoanos. De los cinco, hay dos que me resultan muy familiares: San Ignacio y Santa Cándida Mª de Jesús. Son dos santos que, además de ser paisanos, tienen gran sintonía carismática, y muchas vivencias semejantes aunque haya en el tiempo casi cuatro siglos de distancia.

Bien recuerdo aquella tarde en la que, como un amigo habla con otro, me puse ante la figura de Santa Cándida y, con confianza y cariño, me salió decirle:

- ¡Quién te iba a decir a ti, Juanitatxo, que ibas a estar ahí arriba, junto a San Ignacio, a la altura de los grandes...!

A lo cual me respondió:

- Es verdad, hija mía, pero lo más importante no es que te pongan en una hornacina de la catedral; el asunto está en “seguir de veras a Jesús y parecerte a Él, como un hijo se parece a su padre”.

Y siguió hablando:

- Recuerdo que, siendo aún niña, en la Parroquia de Santa María de Tolosa, ante una imagen de San Ignacio que tiene en sus manos las Constituciones, me salió del alma decirle: “Santo mío, yo quiero hacer lo que dice ese libro”. Quizá no sabía entonces bien el alcance que tenían aquellas palabras pero sentí que era un deseo que Dios ponía en mi corazón y que con el tiempo sería realidad. También sentí que él -San Ignacio- me creyó, porque muchas veces experimenté su ayuda directa y, otras veces, a través de los jesuitas que el Señor puso y sigue poniendo en nuestro camino. ¡Mucho les debemos a los hijos de San Ignacio…!

Sus Constituciones las tuve muy presentes al escribir yo las mías. La Iglesia, con su autoridad, me las aprobó y dijo que son camino de santidad. Por vivirlas, estoy aquí. Hoy, igual que decía entonces a mis hijas, te pido que seas muy observante y fiel en cumplirlas.

Basta por hoy, hija mía. Cuando quieras volver, continuamos nuestra conversación. Mientras tanto no olvides que, aunque nos ves aquí, estamos -para ayudarte-, a tu lado.

Eran las siete de la tarde… en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián.

Julia Martín FI

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