Como uno de los principales frutos de la Asamblea Diocesana celebrada recientemente en Salamanca, en el marco del Año de la Misericordia, nació el proyecto Ranquines,  destinado a personas con problemas de salud mental y de exclusión social, y al que se han sumado más de media docena de instituciones eclesiales.

En su carta circular nº7 a las hermanas de la Provincia, MªCarmen Martín, Superiora provincial, informaba que la Congregación va a participar económicamente, al menos durante los próximos tres años,  en este proyecto. “Ojalá pudiéramos participar también con alguna hermana. Si alguna os sentís llamadas a ello me lo comunicáis”, invitaba en su comunicación.

En dicha circular también informaba que en la reunión de Superioras celebradas el 11 de marzo en Madrid se abordó la cuestión de los bienes de la Congregación:

“Como mujeres consagradas estamos llamadas a crear fraternidad, comunión, solidaridad con los pobres y necesitados; estamos llamadas a vivir una economía de comunión […] Somos responsables de nuestros bienes, como bienes eclesiásticos que son. Pero queremos compartirlos en la Congregación y con los más necesitados”

 

Proyecto Ranquines

Tal y como recoge la diócesis de Salamanca en su página web, este proyecto en el que llevan más de 18 meses trabajando Cáritas Diocesana y los Misioneros Paúles de Salamanca contempla tres fases:

La primera de ellas será la construcción de un Centro de Día para las personas con enfermedad mental que están en situación de exclusión social. El centro se habilitará en el ala este de la Casa de los Padres Paúles, en Santa Marta de Tormes, y tendrá una ocupación para 30 personas. En él se ofrecerá apoyo psicosocial y servicios complementarios para la cobertura de necesidades básicas vitales. Se trataría de favorecer la ocupación del tiempo de forma rehabilitadora, la creación de red social, la participación social y cultural, mediante el ofrecimiento de actividades. Este recurso podrá estar abierto también a personas con enfermedad mental que no están en situación de exclusión social, que tienen el apoyo de sus familias u otras organizaciones.

 Una segunda fase serían los pisos de inserción, una alternativa que más favorece la inclusión social donde se ofrecerá una vivienda permanente y acompañamiento; y la tercera parte del proyecto, la creación de una mini-residencia que ofrezca entrenamiento en las actividades cotidianas; acompañamiento en los procesos personales y brinde apoyo psico-social a aquellas personas que por su realidad de exclusión social y salud mental no pueden vivir con la autonomía necesaria para gestionar un piso.

 

Conoce más sobre este proyecto a través de los artículos de Alfa y Omega  y blog de la asamblea diocesana de Salamanca  

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