La alegría es misionera

La JMJ me ha ayudado en muchos sentidos y lo he vivido como un auténtico regalo. 

Me impresionaba ver a tantos jóvenes de diferentes países juntos y todos teníamos algo en común: estábamos allí por Jesús. 

Todos, independientemente de nuestro momento vital, de una forma u otra hemos tenido esa experiencia profunda, la cual nos ha llevado a querer conocerle un poco más. 

Por un lado, he aprendido que las esperas son importantes y necesarias, si queremos avanzar. Es importante saber esperar el tren, al igual que es importante saber esperar en un mundo en el que la rutina muchas veces nos adelanta por la derecha. 

Por otro lado, la importancia de la comunidad, la unión y las emociones. En definitiva, la alegría que hemos compartido en esos días. Miraba a mi alrededor y veía a jóvenes sonriendo, cantando, charlando o compartiendo lo vivido y pensaba: ¡Qué suerte tengo de haber venido…!. Y es que, como dijo el Papa Francisco: «la alegría es misionera». 

Creo que todos los que acudimos hemos sido elegidos por Dios y, por eso, tenemos una misión muy importante: la de saber transmitir bien todo lo que allí se vivió, sin quedarnos en la superficie, pero sobre todo sin miedo. 

¡No tengáis miedo!

Testimonio de Marian Ramírez